Adiós (2019)

Adiós (2019)
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Juan (Mario Casas), preso en tercer grado y padre de familia, logra un permiso para asistir a la comunión de su hija en Sevilla. Pero la muerte accidental de la niña destapa todo un entramado de corrupción policial y narcotráfico, y el caso acaba en manos de Eli, una inspectora que tendrá que lidiar con los recelos de un sector de la policía y del padre de la pequeña, que quiere tomarse la justicia por su cuenta. Adiós (2019)

 

Critica:

La premisa de “Adiós” parte de un conflicto tan antiguo como la humanidad: la pérdida del hijo y el duelo que sigue, el dolor más extremo conocido, probablemente por la inversión del orden natural. El guión, aparentemente basado en el caso real de la muerte accidental de una niña en el barrio sevillano de las tres mil viviendas, no pretende explorar los términos medios del drama de forma reflexiva o pausada. Al contrario, todo aquí es emoción descarnada y volátil, con la fuerza de los elementos, la tierra y el fuego.

La ficción del padre vengador que tiene que reencontrar demonios de su pasado y su familia funciona como un tiro siempre y cuando se esté dispuesto a entrar en el cuento desprovisto de todo cinismo. El salto de fe que propone “Adiós” tiene un riesgo tremendo, pero el cerrar los ojos y saltar al vacío merece la pena, en mi caso al menos por dos razones: la primera porque descubrí que todavía soy capaz de emocionarme con un thriller clásico de acción, y en segundo lugar porque la llorera que me di fue casi vergonzante pero me ahorró un spa. Por lo menos me quedé igual de relajado con esta catarsis igual o más que tras una combinación de sauna con piscina de agua helada.

Lo que más me ha calado de “Adiós” quizá sea precisamente lo que otros han criticado: su atropello y su intensidad. Y es que es así, la película nos reta a meternos bajo la piel de un padre de barrio marginal, joven y de familia problemática, al que le matan a la niña. La única reacción plausible que se me ocurre es lo que veo y me estremece en pantalla, la de un animal fiero y embrutecido por la ira que se lo lleva todo por delante.

Hay grandes méritos en la película, empezando por la producción, siguiendo por la banda sonora, que merecería capítulo aparte y acompaña a la perfección el drama tan agudo como sólo el cante jondo podría hacerlo (y eso que no soy nada fan del flamenco). Pero lo que cabe sin duda destacar es el trabajo de los protagonistas. Carlos Bardem está correcto, si bien su papel es de difícil lucimiento, pero las tres mujeres, Natalia de Molina, Ruth Díaz y la sorpresa del siglo, Mona Martínez, a la que no conocía, lo bordan y lo desbordan. Sin embargo mención especial merece Mario Casas, que tiene una presencia vibrante y destila verdad por los ojos y por la boca. No solo se trata de la química sobrenatural que tiene con Natalia de Molina, sino por su propio trabajo camaleónico. A mí personalmente me emociona su Juan Santos.

Me atrevo a decir que el director, Paco Cabezas, se trae de EEUU un oficio adquirido creando series como “Penny Dreadful” y lo aplica aquí para alcanzar cotas rara vez vistas en el cine comercial de este país. Porque no nos engañemos, esto es gran cine comercial dedicado a un público avezado en Netflix y HBO que no va a ir a la sala a ver la hierba crecer.

Yo me quito el sombrero ante tanto descaro y atrevimiento. Me parece que Cabezas alcanza la madurez con esta película y por partida doble, ya que se saca además la espina de la imperfecta “Rage”, una especie de ensayo de “Adiós” al que claramente le faltaron medios. Y además lo hace en su tierra.


En fin, se trata este de un claro logro más en el género negro del cine español moderno y de una apuesta creativa honesta y arriesgada. Recomendadísima. Adiós (2019)