Bill Baker (Matt Damon) es un rudo operario de una plataforma petrolera estadounidense que viaja a Marsella para visitar a su hija, en prisión por un asesinato que afirma no haber cometido. Lejos de casa, las cosas no serán nada fáciles para un padre dispuesto a todo para demostrar la inocencia de su hija. Cuestión de sangre (2021)

 

Critica:

Inspirado en el caso de la estadounidense Amanda Knox –aunque responde más a la ficción que a los hechos reales–, Tom McCarthy, junto a Thomas Bidegain, Noé Debré y Marcus Hinchey, han sabido escribir un relato duro pero que enternece, que cuenta con un gran trabajo a nivel de dirección (McCarthy) y un gran elenco.

Antes que nada, advertir que, a pesar de estar clasificada como thriller, si lo que se busca es el más puro suspense, la película no cumple esas expectativas. Tiene momentos de intriga y misterio, pero no es lo que protagoniza la trama.

Sin embargo, el secreto del film no reside en su género, sino en su historia y, sobre todo, en su figura principal, Bill: tan interesante y complejo que atrapa. Hay una crónica y quieres saber cómo termina, pero sobre todo importa cómo la vive él. Ahí se aprecia el trabajo de Matt Damon, quien consigue convencer con su papel y le da ese punto de conexión con el público.

La banda sonora, además, aporta la intensidad que le podría faltar; si algo no va bien, lo sabes por la música. Es usada como recurso narrativo de forma inteligente.

Es cierto que el metraje de la cinta es un tanto extenso, y se puede hacer largo y pesado si no se llega a simpatizar con el argumento o se espera otra cosa. Es una producción para ver sin prisas ni impaciencias, para disfrutar y desentrañar su potencial.

De este modo, Cuestión de sangre es una cinta para almas empáticas, calmadas, que sepan deleitarse y leer a los personajes, sin necesidad de muchas palabras. Si se accede a ella esperando un gran thriller, por el contrario, sus expectativas no van a cumplirse. Cuestión de sangre (2021)