Fue la mano de Dios (2021)

Fue la mano de Dios (2021)
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La historia semiautobiográfica de la mayoría de edad de Fabietto Schisa, un niño del Nápoles de la década de 1980 cuyos años de adolescencia están marcados por alegrías inesperadas como la llegada de la leyenda del fútbol Diego Maradona, y una tragedia igualmente inesperada. El destino juega su papel, la alegría y la tragedia se entrelazan, y el futuro de Fabietto se pone en marcha en una historia de familia, deportes y cine, amor y pérdida. Fue la mano de Dios (2021)

 

Critica:

El 22 de junio de 1986, en apenas cuatro minutos, Diego Armando Maradona, que jugaba con Argentina los cuartos de final de la Copa del Mundo frente a Inglaterra, marcó dos goles y a toda una generación. El escenario donde todo sucedió fue el Estadio Azteca de la Ciudad de México, pero a miles de kilómetros de allí, otra localidad, Nápoles, que ya llevaba dos años celebrando las gambetas de su ídolo, vibró como si Italia se estuviese jugando la vida.

Uno de los chicos que presenció aquel episodio, un “gesto político”, tal y como explica uno de los personajes de ‘È stata la mano di Dio’, fue un joven Paolo Sorrentino, que, a través de Fabietto Schisa (su alter ego al que da vida un brillantísimo Filippo Scotti), narra toda una infancia, la suya, regateando dificultades en una ciudad que está más que acostumbrada a los desastres.

Quizá las memorias de Sorrentino no tendrían mayor interés que las de cualquier otro, pero la forma de plasmar todo en la pantalla, de forma elegante y bebiendo de todo lo que rodea a la idiosincrasia napolitana, convierten este coming of age all’italiana en toda una experiencia. Sorrentino no es un virtuoso, pero sí un gran director de actores y aquí vuelve a acudir a un elenco que hace de familia, a la que reverencia y parodia –aunque parezca paradójico– desde el cariño y la cordura que da la perspectiva de los años.

No es la primera vez –ni seguro que la última– que el cineasta recurre a esos desfiles de lo grotesco para descubrir una sociedad que ya Fellini, mentor y principal referencia, retrató desde el surrealismo y barroquismo intrínseco a las mil apariencias de Italia. “La realidad es horrible”, espeta Fabietto a otro de los protagonistas citando al propio Fellini. Y puede ser, pero para soñar ya está el cine (y el fútbol).