La tragedia de Macbeth (2021)

La tragedia de Macbeth (2021)
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Macbeth, recibe una profecía de un trío de brujas de que algún día se convertirá en rey de Escocia. Consumido por la ambición y empujado a la acción por su esposa, Macbeth asesina a su rey y toma el trono para él. La tragedia de Macbeth (2021)

 

Critica:

En principio, la separación de los Hermanos Coen, Joel y Ethan, en favor de la carrera en solitario del primero, no parecía un buen augurio, más aún cuando el proyecto elegido para comenzar esta nueva andadura, era llevar a Macbeth por enésima vez a la pantalla, una de las obras más celebérrimas de William Shakespeare, que ya cuenta con casi una veintena de adaptaciones.

De ente todas ellas, la rodada y protagonizada por Orson Welles en 1948, así como ‘Trono de Sangre’ (1957) de Akira Kurosawa, una aproximación a la historia ambientada en el Japón feudal, se manifiestan como las más celebérrimas, gracias a su profundo carácter de autor, que contemplan el expresionismo como principal baza en ambos trabajos, un enfoque que por otra parte resulta del todo ideal, dada la naturaleza de la obra.

Tocado por el aliento de ambos maestros, y por supuesto también en glorioso blanco y negro, Joel Coen explora el gusto por los escenarios minimalistas, – muy en consonancia con los del Macbeth de Welles – los cuales dibuja sobre un formato cuadrado, buscando lineas perfectamente simétricas, mientras envuelve su fondo estético bajo la sombra de un potente halo fantasmal, lo que acaba por configurar todo un triunfo, evocador e igualmente expresionista, de la puesta en escena.

Recogiendo su propio guante en el tiempo, Denzel Washington vuelve a situarse en el centro del escenario, para dar vida a un personaje de Shakespeare, tras haber sido el príncipe Don Pedro de Aragón en ‘Mucho ruido y pocas nueces’ (1993), de Kenneth Branagh, y bastará con decir que su esfuerzo para no interpretarse a si mismo, como suele hacer habitualmente, borra cualquier debate sobre la integración racial de ciertos personajes, tan de moda en estos tiempos.

Acompaña en el protagonismo Frances McDormand, impecable como Lady Macbeth, conocida en otro tiempo como esposa del realizador, y de la que a estas alturas, habría más bien que decir que Joel Coen es su marido, ya que hablamos de compensar, añadir que a ella pertenece, en el tramo final de la cinta, uno de los gritos más escalofriantes que recuerde el cine moderno. Completan el reparto actores competentes como Brendan Gleeson, y la sorpresa de puro e inquietante contorsionismo de Kathryn Hunter, dando vida a las tres hermanas fatídicas.

Esgrimiendo en su introducción, lo que para algunos puede resultar una composición narrativa algo confusa, sobre todo para aquellos que desconozcan el texto original, ‘La Tragedia de Macbeth’ se sostiene en realidad sobre un esquema muy sencillo, sustentado sobre los tres actos de una obra, que debe respirar la evidente teatralidad que acompaña una historia de pura ambición, tan del gusto del literato inglés, en el que el Macbeth, Barón de Glamis, es profetizado para convertirse en Rey de Escocia, lo que desencadenará una tormenta de traición y conspiraciones varias, hasta la consecución de tales augurios.

En los apartados técnicos, destaca el excelente trabajo de Bruno Delbonnel en la fotografía, indispensable para acometer la solemnidad estética de la que el film, rodado íntegramente en estudio, hace gala, así como la indivisible batuta del maestro Carter Burwell, acólito del cine de Los Coen, cuyas notas encajan siempre como un guante en universos tan particulares.

Finalmente, la buena noticia, al menos en el plano cinéfilo, es que sus 67 años, Joel Coen se atreva a experimentar con nuevas formas narrativas y visuales, en una forma de hacer cine que tiene prácticamente su edad, – al menos a lo que al mejor Macbeth en el Séptimo Arte se refiere – con un trabajo absolutamente conectado con la época dorada, donde el ingenio, el amor a los personajes, y el respeto absoluto por la historia, deben primar por encima de cualquier consideración, algo que se cumple con creces en un título alejado de lo comercial, pero sobrado de una enorme capacidad creativa. La tragedia de Macbeth (2021)