Licorice Pizza (2021)

Licorice Pizza (2021)
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Alana Kane y Gary Valentine se conocen, pasan el tiempo juntos y acaban enamorándose en el Valle de San Fernando en 1973. Licorice Pizza

 

Critica

Licorice Pizza me ha hecho reflexionar sobre todo aquello que encontramos en las buenas historias y de lo que esta película carece. En el arte de contar historias nada es arbitrario. Hay razones que explican por qué las narraciones que nos gustan tienen ciertos ingredientes: Unos protagonistas complejos, bien construidos, hacen que nos interesemos por lo que ocurre. Porque los conocemos nos preocupan sus asuntos. Una trama principal alimenta el relato y por ello cada escena nos importa, porque tiene relevancia en la urdimbre que se está tejiendo, porque afecta a los personajes y los vemos evolucionar. Los conflictos hacen que nos preocupe el devenir de los personajes y que nos impliquemos en la trama. Los personajes secundarios a menudo aportan otros puntos de vista y le dan profundidad a la historia. Con ellos intuimos que en ese universo hay mucho más, más allá del reducido mundo de los protagonistas. A veces un elemento es más prominente que los demás. A veces lo fundamental es la historia y los personajes están a su servicio. Otras veces la trama sirve para acompañar a los personajes en su viaje personal mientras asistimos a un momento crucial de sus vidas. En muchos casos con acierto se encuentra un justo medio, resultando una historia emocionante con personajes complejos que nos importan y que nos seguirán acompañando cuando se enciendan las luces de la sala. La última cinta de Paul Thomas Anderson carece de todo lo anterior.

Veamos. ¿Los protagonistas están bien construidos? Yo diría que no. Acaba la película y no sé qué los conmueve, qué quieren, qué necesitan, cómo les afecta y afectan a su entorno. En definitiva, no sé quiénes son. ¿Y qué decir de los secundarios? Se diría que sólo están para hacer bulto, siendo en su mayoría vainas huecas sin alma. ¿Hay una trama principal que se va desarrollando durante el film? Pues no, no existe o es tan débil que no se sostiene. Leo con estupefacción críticas que destacan esta característica como si fuera algo positivo per se. Por el contrario, mi percepción es que solo vemos una sucesión de anodinas historias inconclusas que no conducen a ninguna parte. ¿Entonces cómo se pretende conseguir que lo que estamos viendo en la pantalla nos resulte interesante? Buena pregunta. Ya sé, seguro que son historias extravagantes, delirantes, emocionantes, divertidas, excepcionales, sugerentes… Pues no, nada de eso. Entonces debe ser que acompañamos a los protagonistas en su viaje personal, vemos como las pequeñas historias cotidianas que se suceden afectan a sus vidas, cómo evolucionan y descubren el mundo que les rodea, igual que en Boyhood o Verano 1993, cómo me gustan esas películas… Pues en realidad tampoco. No hay evolución en los personajes. Al final de la proyección son los mismos que al principio. Por tanto, no hay tal viaje. Entonces debe ser que es un lienzo costumbrista, retrato de un tiempo y un lugar… Bueno, algo de eso hay, no voy a emitir un no rotundo. Licorice Pizza transcurre en un tiempo y un lugar, y ese tiempo y ese lugar están representados en el vestuario, los peinados, el attrezzo y las canciones, en todo lo accesorio. Sin embargo, los personajes, los acontecimientos, los escenarios no son tan singulares como para percibir que sintetizan lo esencial de un tiempo y un lugar. No, esto no es American Graffiti (que mientras escribo tiene una puntuación 6 décimas menor que este film).

Capítulo aparte merece lo llamativo de que no exista un tratamiento del paso del tiempo. Durante el visionado varias veces me pregunté si habían pasado días, semanas, meses, o años. Algunas reseñas mencionan que la película transcurre durante un verano en la vida de los protagonistas. Sin embargo, eso lo habrán leído en la sinopsis, porque en la película no está. Y si no está en la película no es cierto.

Leo críticas muy favorables y no puedo esquivar la sospecha de que en ellas ha tenido mucho peso el nombre “Paul Thomas Anderson” y que si ese nombre no apareciera en los créditos, leeríamos otras opiniones muy diferentes. Las leo, las analizo y sigo buscando qué hace a Licorice Pizza merecedora de tan alta estima. Y lo que me gustaría ahora es que alguien la viera, disfrutara de sus bondades y consiguiera transmitirme qué fue aquello tan maravilloso que experimentó esa vez mientras se proyectaban imágenes en movimiento sobre una pantalla en una sala oscura. Así que, por favor, vayan a verla, disfrútenla, y, sobre todo, explíquenmelo después. Licorice Pizza