Noche de lobos (2018)

Noche de lobos (2018)
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Después de la muerte de tres niños sospechosos de ser asesinados por lobos, el experto en lobos Russell Core, es contratado por los padres de un niño desaparecido de seis años para localizar a su hijo en la Alaska salvaje. Noche de lobos

 

Critica

“Noche de Lobos”, la nueva producción de Netflix, se queda un poco a medio gas. Siendo una producción con una atmosfera logradísima y enviadiable, en un poblado pobrísimo, habitado en su gran mayoría por indígenas americanos, en los nevados y bellísimos parajes de Alaska, se echa de menos un poco más de jugo en este argumento.

La película arranca con la desaparición de un niño de 6 años, a la que su joven madre (Riley Keough) atribuye a una peligrosa manada de lobos. Así pide ayuda a un experto en lobos, Russell Core (Jeffrey Wright), que, en una ocasión mató a un lobo, para que busque a su hijo o en su lugar al lobo que se lo llevó y lo mate. El padre del chaval (Alexander Skarsgärd) es un soldado que está luchando en la guerra en Oriente Medio y desconoce cómo reaccionará ante los hechos, así que, mejor encontrar algo que enseñarle a su regreso.

En síntesis, “Noche de Lobos” es un thriller resultón de ritmo pausado con toques de suspense y oníricos y cuyos personajes principales, a excepción de Core, son de todo menos cuerdos. En otras palabras, descolocan un poco, sobre todo, los padres del chico, como si el ambiente desangelado (tanto en Alaska como en Fallujah) los hubiera dejado muy tocados. Esa extrañeza acaba por empapar todo el metraje, dejando aquí y allá momentos tediosos, conversaciones casi filosóficas que ralentizan la duración de algo más de dos horas, y que, afortunadamente, se ven algo compensados con ramalazos de genio, con espirales de violencia muchas veces carentes de sentido, que le insuflan algo de intensidad e interés. Son como pequeños destellos entre la paja (o paja mental, para ser más exactos).

La brillantez de esas escenas, en especial un magistral tiroteo hacia la mitad del metraje, te deja con la sensación de que podía haber dado mucho más de sí, pero el director se empeña en hacer algo profundo y transcendental. Es loable el intento y se deja ver, pero, como sucede muchas veces, el argumento, interesante sí, pero demasiado corto y sencillo, deja un sabor agridulce a quiero y no puedo o puedo y no quiero, vete a saber. Tal vez, si la hubieran dejado en hora y media, resultaría más contundente. Aún así, es un thriller resultón que merece el visionado, aunque solo sea por esas escenas de las que hablaba. Noche de lobos