Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos (2021)

Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos (2021)
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Shang-Chi debe enfrentarse al pasado que pensó que había dejado atrás cuando se ve atraído por la red de la misteriosa organización de los Diez Anillos. Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos (2021)

 

Critica:

A pesar del frío estreno de la fase 4 de éste universo cinematográfico que supuso “Black Widow”, Marvel, ahora sí, estrena nueva historia de origen con un nuevo personaje, Shang-Chi. ¿Y éste quién es? Nos preguntábamos aquellos no lectores de los cómics. Pues ni más ni menos que un personaje nacido en los años 70 por las manos del escritor Steve Englehart y el artista Jim Starlin, que vino a aprovechar el tirón del cine de artes marciales, aclamado gracias a nombres tan icónicos como el del mismísimo Bruce Lee. En esta nueva aventura del UCM, Shang-Chi, experto en las artes del Kung-Fu y entrenado como asesino, escondido e integrado en la sociedad, se verá obligado a dejar atrás su cómoda vida para hacer frente a un enemigo milenario, su padre: El Mandarín, quien posee los diez anillos, una poderosa y peligrosa fuente de poder.

Con ganas de explayar su universo repleto de infinitas posibilidades, la casa de las ideas pone foco al personaje con más influencia asiática, repleto de mitología China y con el que poder expandir sus historias terrenales. Muestra unos notables esfuerzos para intentar congeniar el género de los superhéroes con el género de las artes marciales (Wuxia), renovándose con unas coreografías de lucha marcial bien dirigidas y que le sientan como anillo al dedo, a pesar que la acción se sobrepasa y exagera en más de una ocasión. Junto a ello, la bienvenida que ofrece a la mitología es otro de sus puntos más bellos, sus pequeñas historias y grandes bestias hacen que la aventura se más íntegra y disfrutable.

Pero lo que gana en espectacularidad lo pierde en su argumento y desarrollo. Si bien la película en su primera mitad es entretenida, pierde el ritmo y se vuelve tediosa en mitad de su segundo acto, en el que no ofrece mucho más que un guion simple ya conocido, y donde se sobresatura con multitud de pesados flashbacks con los que no cuentan mucho de digno interés. Para finalmente llegar a su más que predecible tercer acto donde predominan lo aparatosidad y el CGI más que la emoción, rebajandose a la monotonia de un cómodo final.

A nivel de interpretación, tampoco hay demasiado que recalcar. Simu-Liu da todos sus esfuerzos para consiguir un Shang-Chi correcto y funcional, pero que su falta de carisma no le hace destacar por encima de la media. Si bien congenia con el humor ágil de la película, quien sobre pasa esta línea es su inseparable amiga Katy, interpretada por Awkwafina, quien, a base de sobreactuar, se encarga sólo de ser el cargante aporte cómico de toda película de Marvel, y el molesto y oportunista personaje cliché al que todo le sale bien a pesar de no saber que está haciendo. En fin, conveniencias del guion. Para contrarestar, por lo menos, Tony Leung si nos regala un Mandarin con el que estar a la altura. Soporta el peso del drama y la tragedia de su personaje y consiguie la mejor interpretación de la cinta, aún que el listón tampoco esté demasiado alto.

Una película menor, con el propósito de innovar y explayar el universo de Marvel, donde a pesar de su exageración, la espectacularidad, la acción y sus explosivas coreografías son su punto más álgido. ¿Su mayor pecado? Que su guion decaiga en la simple monotonía, y que no sepa mantener un ritmo regular o creciente, haciendo que la película se vuelva un tanto pesada y que los minutos se vuelvan cada vez más lentos. Comercial y entretenidamente escasa. El viaje del héroe ya mil veces recorrido, aún así ligeramente más destacable que otras de sus propias películas de origen, pero sin la fuerza para resaltar en este inicio de Fase donde el protagonismo, irrefutablemente, está en las series. Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos (2021)